martes, 1 de julio de 2014

Amaneció y ya era demasiado tarde, pensaba. Como si los recuerdos intentaran atormentarte pero tú no quisieras dejarlos entrar. Me levante de la cama, y en el proceso bote a mi gata de ella. Me miro enojada, pego un salto y volvió a hacerse un ovillo en el lugar donde antes yo estaba. Fui al baño y vacié mi vejiga, me mire en el espejo. Tenía ojeras, andaba solo en bóxer. Hace años que solo duermo en ropa interior. El calor de las sabanas, aunque sea invierno siempre me agobia. Cualquier calor en realidad. Me lave los dientes y fui a la cocina, mi gata me siguió y comenzó su ceremonia de desayuno igual que yo. Puse agua en la tetera y deje que hirviera, fui al living y me senté un rato. Mire el televisor apagado y volví a ver mi reflejo. Abrí las cortinas y la ciudad me recibió gris, tome un cigarro del mismo lugar donde los dejos siempre y lo prendí. Hacia frio, era una estupidez fumar a esa hora y con esa ropa. Pero me dedique a mirar la mañana, los autos comenzaban a salir de las casas y los buses hacían sonar sus frenos, la ciudad ya había despertado. Pero yo aún seguía aletargado.

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