jueves, 29 de julio de 2010

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Carlos abrió el paquete que le había llegado, no tenia remitente. Intento ser prolijo al sacar el envoltorio. Adentro había dos cajas pequeñas, blancas y con un número impreso en la tapa. Una tenia un uno y la otra un dos. Las abrió por orden, en la primera había un pequeño autito que tenia cuando era pequeño. Era rojo y se lo había regalado su madre para que se quedara tranquilo jugando, así lo hizo él. Jugaba todo el día con el, lo empujaba por toda la antigua casa donde vivía con sus padres y hacia los sonidos muy fuerte para que todos supiera de la existencia de su autito. Luego de ese pequeño momento decidió abrir la siguiente cajita. Estaba esperanzado, lo que sintió anteriormente al abrir la primera caja fue, francamente, placentero. Se precipito sobre la pequeña cajita con un dos dibujado en su tapa, era blanca como la anterior y el número plasmado arriba era lo único que la diferenciaba de la otra. Lentamente levanto la tapa, sólo para quedar paralizado de horror. Adentro había una oreja, era humana estaba puesta sobre algodones húmedos y teñidos en sangre. Era pequeña y con arrugas, era una oreja izquierda. Tenía un aro, una pequeña perla con incrustación de diamantes. Una joya que debería llevar alguien con mucha clase.

Carlos la reconoció, se la había regalado a su madre hace dos meses por su cumpleaños. La caja cayo de entre sus manos.

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