viernes, 24 de enero de 2020
Despertarse temprano era extraño, la mañana venia cargada de responsabilidades mas que ajenas a mi ser. Es decir, entiendo como funciona en cierta medida el mundo o como he ido entendiendo a través de los años. Somos seres productivos es decir, las cosas no avanzan si no las movemos. ¿Pero hacia donde? Uno ve que el crecimiento de la raza humana es exponencial, gigantesco. En un par de años solo quedaran humanos y animales domésticos, cualquier tipo de animal ajeno al sistema es eliminado.
A veces recuerdo la vida en la carretera como la única salida posible, estar en constante movimiento entre ciudades y países para conocer distintas perspectivas. Pero el dinero condiciona.
La ética del trabajo ataca de tal forma, que resulta difícil mantenerse en una sola linea.
No había caso, limpiaba el espacio esquinado y la mancha no se iba, volvía con fuerza. Era como que levantara un jugo de color suciedad y al sacarlo estaba seguro que la mancha era mas oscura y levemente mas grande. Decidió dejarla ahí y no prestarle más atención. Salio del dormitorio, dejo los utensilios en la cocina y los lavo. Los dejo secando y calentó un poco de agua, fue al living y antes de sentarse lo llamaron por teléfono. “Imagina que el tiempo como dimensión no existe, no es un limite y solo es una posibilidad. La energía siempre es circular, cíclica. Lo que vives ahora lo están viviendo casi todos tus múltiples universos y tu pasado y futuro puede ser alcanzado en cualquier momento, (sonido de corte)”
Dejo el celular y miro el techo un rato. Había una mancha pequeña, como que se saliera la pintura. Entre mas la miraba mas le parecía la marca de la habitación, le extraño y fue a verla. Pero cuando se levanto la gravedad dejo de funcionar, como si alguien apretara un botón de apagado al sistema que con cuya fuerza nos mantiene pegados al suelo y todos los objetos y el incluido comenzaron a flotar, la energía de levantarse lo impulso hacia el techo y la mancha, que ahora palpitaba. Como su corazón, tenia la misma velocidad podía verlo o sentirlo. Cuando su frente lo toco, todo se fue a negro. Ahora no entendía si estaba cayendo o se seguía elevando sin parar. Era demasiado confuso y estaba tan oscuro que no podía ver ni la punta de su nariz. Ademas de no poder mover un musculo, paso un rato en esa situación y empezó a olvidar que tenia cuerpo. Solo pensaba, una conciencia flotante o que cae o sube. No entendía bien. Pensaba en la llamada telefónica, en el café y el cigarro de la mañana. En el nuevo corte de pelo de no se quien que mencionaron en la tele y ya a estas alturas nada tenia sentido. Intento contar pero en el numero 7893 se aburrió o perdió la cuenta. Para él, o eran segundos o eran años. Es verdad que el tiempo no existía cuando dejaba de medirlo con cosas a a su alrededor. Se sintió como una montaña avanzando por la tierra a través de decenios. Paso a pasito, suave suavecito. Se maldijo a si mismo, incluso en el fin de todo y la nada misma lo perseguía esa canción. Increíble suerte o patético fin de una existencia. Se lamentaba hasta que sintió de lleno el calor de algo en la mejilla y una luz que lo obligo a apretarse lo más que pueda. Pensando que hace rato tenia que ir al baño, la luz caliente lo cubrió todo y ya se acabo la oscuridad.
Desperté en la mañana, o eso parecía. La lluvia había dejado de caer, al menos en la pieza no habían goterones y las vasijas estaban a medio llenar. Me destape y ordene las vasijas, eran tres. Cada una mas grandes, en conjunto habían hecho tres litros de agua que guarde en el armario bajo el espejo. Me pare y mire un rato en ese espejo, tenia el marco deforme. Parecía un rectángulo pero era algo mas triangular y si lo mirabas de perfil parecía un cuadrado, la imagen se curvaba un poco porque estaba doblado y daba una falsa sensación de realidad, como si fuera algo mas ancho de lo que soy y un poco mas bajo. Me sentía fuerte y pequeño, al cabo de varios meses termine por creer que ese era mi aspecto físico.
Salí de la casa, le digo casa pero es una especie de pieza en medio del bosque. Afuera el fuego ya estaba hecho y me esperaban al rededor de el cuatro personas. Ivan atizaba el fuego, su cuerpo completamente pintado de rojo auguraba que se vendría una ceremonia. Me senté entre Pompeyo y Gertrudis, fumaban hachís de una pipa que Gertrudis había fabricado del hueso de un jabalí que habíamos cenado hace unos días. Pompeyo era ya un experto en armar el hachís, había una larga explanada y a lo lejos se divisaban infinitas montañas enormes pintadas por bosques aun mas profundos que este.
domingo, 19 de enero de 2020
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